El Carmelo toma su nombre de la histórica montaña de Palestina, que en lenguaje bíblico simbolizan belleza y fertilidad. Nuestras raíces están en el siglo IX a.C., con Elías, profeta que contempla al Dios vivo. El es considerado por el Carmelo como su padre e inspirador, heredando su doble espíritu contemplativo y apostólico.
En el transcurso del siglo XIII d.C., cuando los cruzados conquistaron Jerusalén (dominada por los musulmanes), algunos hombres atraídos por la soledad donde había vivido Elías, decidieron quedarse en el Monte Carmelo. Allí llevarían una vida de oración en obsequio de Jesucristo, teniendo en medio del eremitorio una capilla erigida en honor de la Virgen María.
Cuando los cristianos perdieron el dominio de los Santos Lugares, los carmelitas huyeron a Europa -sus tierras de origen-, donde adaptaron su estilo de vida a la nueva situación, alternando su vida de oración con la actividad apostólica.
Nacen las Carmelitas Descalzas
Recién en el siglo XV aparece la rama femenina del Carmelo.
Del monasterio de la Encarnación de Ávila, salió la gran Teresa de Jesús. Su intensa evolución espiritual la impulsó a renovar el Carmelo fundando, en 1562, las Carmelitas Descalzas, en su misma ciudad natal.
Imprime a su vida y a la nueva familia del Carmelo un sentido apostólico, orientando la oración, el retiro y la vida entera de las Carmelitas Descalzas al servicio de la Iglesia.
La Providencia puso en el camino de Teresa a Juan de la Cruz, su gran colaborador. Este, en 1568, comenzó la vida del Carmelo Descalzo masculino en Duruelo (España), nacido como brote del celo apostólico de la Santa.
Llegada a Chile
En 1690, a petición de la población de Santiago, para expiar las profanaciones y sacrilegios cometidos en La Serena por el corsario Bartolomé Sharp diez años antes, las Carmelitas Descalzas llegan a Chile.
El día de la Inmaculada de 1689, llegaron las tres carmelitas fundadoras provenientes del monasterio del Carmen de San José de Chuquisaca, Alto Perú, hoy Sucre, Bolivia.
El 6 de enero de 1690 se erigió canónicamente el primer Carmelo en Santiago de Chile: Monasterio del Carmen de San José.