Te despertarás muy temprano al escuchar el canto de la carmelita que con el rezo de Laudes comienza su día alabando al Dios, uno y trino, razón de su vida.

La eucaristía es el centro y cima de nuestra vida. Se prolonga en la liturgia de las horas que impregna nuestra jornada con la plegaria diurna y nocturna. Siete veces al día te alabo, Señor.

La comunión y encuentro con Cristo en la eucaristía y en la oración litúrgica se nutre en la oración personal, que tenemos dos horas al día, y en el ejercicio ininterrumpido de la presencia de Dios.