Somos comunidades orantes, reunidas por el amor en torno a Cristo. Nuestra vida se desarrolla al interior de la clausura, armonizando la vida fraterna con silencio y soledad.

El Carmelo es CONTEMPLATIVO

Es ante todo una llama a la oración, es búsqueda ardiente de Dios. Se viene a él respondiendo a una exigencia de intimidad divina. Para la carmelita la radicalidad de la respuesta al amor de Dios tiene su ideal en Jesucristo. Vivimos en un clima de constante oración, concebida como un diálogo de amistad con Dios. Cada Carmelo ha de ser como un desierto enclavado en medio de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.