Cuando los cristianos perdieron el dominio de los Santos Lugares, los carmelitas huyeron a Europa, a sus tierras de origen, donde tuvieron que adaptar su estilo de vida a la nueva situación y alternar su vida de oración con la actividad apostólica.

Recién en el siglo XV aparece la rama femenina del Carmelo. De uno de esos monasterios, el de la Encarnación de Avila, salió la gran Teresa de Jesús . Su intensa evolución espiritual la impulsó a renovar el Carmelo fundando las Carmelitas Descalzas en 1562 en su misma ciudad natal. Imprime a su vida y a la nueva familia del Carmelo un sentido apostólico, orientando la oración, el retiro y la vida entera de las Carmelitas Descalzas al servicio de la Iglesia.

La Providencia puso en el camino de Teresa a Juan de la Cruz, su gran colaborador, quien en 1568 comenzó la vida del Carmelo Descalzo masculino en Duruelo (España), nacido como brote del celo apostólico de la Santa.