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El
Carmelo toma su nombre de la histórica montaña de
Palestina que en el lenguaje bíblico es símbolo de
belleza y fertilidad. Hunde sus raíces hasta el siglo IX
a.C., cuando nos encontramos con Elías, el profeta de Dios.
En este hombre de fuego que contempla al Dios vivo y arde de celo
por su gloria, ha visto siempre el Carmelo a su padre e inspirador
y de él ha heredado su doble espíritu contemplativo
y apostólico.
En
el siglo XIII d.C. cuando los cruzados conquistaron Jerusalén,
que estaba bajo el dominio de los musulmanes, algunos de ellos atraídos
por aquella soledad donde había vivido Elías, se quedaron
en el Monte
Carmelo
para llevar una vida de oración en obsequio de Jesucristo.
Estos ermitaños erigieron una capilla en honor de la Virgen
María.
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