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Carmelitas Descalzas de Chile/Quienes somos
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San José del Carmen, Temuco
Santa María Madre de la Iglesia, Melipilla
Santa María Madre del Monte Carmelo, Puerto Montt
Carmelitas Descalzas de Chile
Monasterio de San JoséVideo San José

Dirección: Avda. Pedro de Valdivia Nº 3252, Casilla 301 Correo 11 Ñuñoa – Santiago
Teléfono: 56 (02) 209 1737
Fax: 56 (02) 223 1165
Correo electrónico: msanjosechile@gmail.com


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El Monasterio de San José es el primer Carmelo fundado en Chile (6 de enero de 1690). Las carmelitas llegaron desde Chuquisaca (hoy Sucre, Bolivia) debido al ataque a  la Serena, en 1860, por el corsario inglés Bartolomé Sharp.

Este, al no conseguir el rescate de 95.000 pesos de oro que solicitaba, saqueó las iglesias, llevándose objetos valiosos y prendiendo fuego a la ciudad.  La noticia llegó a Santiago, sus habitantes de llenaron de pavor y los creyentes sufrieron enormemente con la profanación del Santísimo Sacramento.

Ese dolor motivó la fundación de un monasterio de carmelitas descalzas como forma de desagraviar a Dios por el ultraje cometido. Fue así como se consiguieron las licencias del Rey de España (Carlos II) y las fundadoras viajaron desde el Alto Perú, recorriendo la misma ruta que utilizada por Diego de Almagro, descubridor de Chile.

El 8 de diciembre llegaron a Santiago y un mes después inician sus actividades en una casa frente al Cerro Santa Lucía, donde permanecen hasta 1942 cuando el monasterio se traslada a la Av. Pedro de Valdivia.

Actualmente el monasterio, sumergido en el gran Santiago constituye un oasis de silencio donde la vida de oración y fraternidad se viven en paz y armonía. Las hermanas dedican su vida a rezar por los sacerdotes y toda la humanidad sufriente y sedienta de interioridad. Su oración traspasa los muros de clausura y llega hasta el último confín de la tierra. La lectio divina individual y comunitaria van modelando a cada hermana a semejanza del Maestro: Jesús. La celebración de la Eucaristía congrega cada mañana a la comunidad y se prolonga a través del día con el rezo del Oficio Divino.

La confección de hostias y velas para la diócesis es su principal trabajo y fuente de sustento. En este lugar sagrado se vive la vida en plenitud, con la mirada vuelta a lo eterno. De ahí que la sencillez, la sobriedad y la austeridad sean propias del lugar, abundando la alegría y la comunión. Las comunidad está constituida por hermanas de todas las edades donde las jóvenes cuidan con esmero a las ancianas y estas nutren con su sabiduría de vida a las que se están iniciando en la vocación. El diálogo y el perdón madurados en la oración son ingredientes importantes del caminar diario. El corazón puro hace que la ofrenda de estas vidas escondidas con Cristo sea grata a los ojos de Dios.

 

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