Isabel Catez de la Trinidad nació el 8 de julio de 1880 en el campo militar de Avor, diócesis de Bourges (Francia). El 1901, ingresó en el Carmelo de Dijon, donde profesó el 1903.
Allí falleció el 9 de noviembre de 1906 para irse -como dijo ella- "a la luz, a la vida, al amor". Adoradora auténtica en espíritu y verdad, llevó una vida humilde, acrisolada por intensos sufrimientos físicos y morales, en alabanza y gloria de la Trinidad, huésped del alma, hallando en este misterio el cielo en la tierra y teniendo clara conciencia de que él constituía su carisma y su misión en la Iglesia.
Fue beatificada por Su Santidad Juan Pablo II el 25 de noviembre de 1984.
"Permaneced en mi" (Jn. 15, 4).
Es el Verbo de Dios quien da esta orden, quien manifiesta esta voluntad. Permaneced en mí no sólo unos instantes, algunas horas pasajeras, sino "permaneced..." de un modo permanente, habitual. Permaneced en mí, orad en mí, adorad en mí, amad en mí, sufrid en mí, trabajad, obrad en mí. Permaneced en mí para presentaros a cualquier persona, a cualquier cosa, penetrad siempre cada vez más en esta profundidad. Es ésta verdaderamente "la soledad adonde Dios quiere atraer al alma para hablarle", como cantaba el profeta. Mas para escuchar esta palabra llena de misterio no hay que quedarse, por decirlo así, en la superficie; es necesario entrar siempre más en el Ser divino por medio del recogimiento.
"Voy siguiendo mi carrera" (Flp. 3, 12), decía San Pablo. Así también debemos nosotros descender cada día por este sendero del Abismo que es Dios. Dejémonos deslizar por esta pendiente con una confianza toda llena de amor. "Un abismo llama a otro abismo" (Sal. 41, 8). Es ahí en lo más profundo donde se efectuará este encuentro divino, donde el abismo de nuestra nada, de nuestra miseria, se encontrará cara a cara con el Abismo de la misericordia, de la inmensidad del todo de Dios. Es ahí donde encontraremos la fortaleza para morir a nosotros mismos y, perdiendo nuestro propio rastro, seremos cambiados en amor. "Bienaventurados los que mueren en el Señor" (Ap. 14, 13).